04 Agosto 2010

Este sábado finaliza la Presidencia más larga, enjundiosa, brillante y fructífera de nuestra historia. Después de décadas de ayuno de liderazgo, la Providencia nos regaló una inteligencia superior; un guía providencial para dirigir a su pueblo en la travesía del desierto; un conductor militar nato para ejercer como estratega del mejor grupo de hombres y mujeres que se haya reunido nunca en un mismo momento y en una misma institución: nuestras Fuerzas Armadas (militares y de policía).
Colombia, que conoce de gratitud, ha expresado, espontánea, su sentimiento: lleva semanas entonando tedeum, serenatas y coplas, diciéndole ¡hasta luego! a quien fue su gran timonel durante 2.920 días.
Qué orgullo haber acompañado al presidente Uribe en su gestión; qué honor participar en la formulación de las bases históricas e ideológicas del cuerpo de doctrina que guió la esplendorosa transformación vivida por Colombia. ¡Cuánto servirá a nuestros hijos y nietos habernos redimido y 'desencartado' de ese complejo de país paria y de Estado fallido que cultivaron con tanto esmero, y como única herencia, los dirigentes políticos a los que Uribe defenestró en el 2002! Para mí, la gran recompensa es haber podido ver al nieto que habrá de gozar el privilegio de vivir el esplendor de la nueva Colombia.
Algunos amigos, a veces, me miran con ojos conmiserativos y se duelen de los ataques personales de que soy objeto: ¡que Anncol, la organización informativa de las Farc, dijo tal cosa!; ¡que Prisa y su cadena de medios tal otra!; ¡que la revista X me la montó con no sé qué asuntos! En fin... Pero yo pienso: muy bajito el costo, muy chiquita la cuenta. ¡¿Ayudar a que Colombia se liberara de la amenaza terrorista; a que no campearan, como lo hacían, libres y orondos, por todos los escenarios de la política, por las cadenas de televisión, la radio, los periódicos y la web, los señores Carlos Castaño y Raúl Reyes, y salir vivo?! Eso parecía un imposible. Pero se hizo.
Ellos, 'matonsísimos' como lo fueron, y sus secuaces supérstites, comienzan a ser simple recuerdo de un pasado tenebroso que vamos a superar colectivamente con estudio, concentración en el trabajo y recuperación colectiva de los grandes valores de la nacionalidad.
La mayor satisfacción en estos 8 años me la dio la semana pasada, quién iba a creerlo, don Guillermo Sáenz (el 'matonsísimo' 'Alfonso Cano'). En video artesanal, nos zampó una larga perorata en la que mencionó la palabra conversar. ¡Qué fue aquello! Los defenestrados del 2002, los caguaneros, se ilusionaron con volver a las primeras planas, porque pensaban que Santos les iba a comer carreta a ellos y a 'Cano'. Ya saben la respuesta: paciencia.
"Chi va piano, va lontano". 'Cano' está cercado y derrotado. El estado físico del pobre, según se ve en el video, es semejante al de Iván Ríos: refleja aislamiento y hambre. Apenas se cierre el anillo que le están tendiendo los soldados de la Patria clausurarán la zona con tres cerrojos, tres pestillos y tres aldabas, como solía asegurar su portón el Patriarca en su Otoño, y sanseacabó.
Pero lo que había que destacar del discurso de 'Cano', y nadie lo hizo, es que contradice a todos los críticos de Uribe y reconoce que la prédica y la práctica de la cohesión social los molieron. 'Cano' mostró ahí inteligencia. Sabe que lo que alimentó a las Farc y a regímenes como los de Venezuela y Ecuador fue la prédica de la lucha de clases, entendida como motor de la historia.
Álvaro Uribe les dañó el pastel: la cohesión social ha venido marchitando el activismo intolerante e intransigente que imperaba en la Colombia del 2002. Intolerancia e intransigencia que echa de menos 'Cano' y que atribuye, inteligentemente, insisto, a la consolidación de la cohesión social que viene desvertebrando las expresiones de la lucha de clases.
Originalmente publicado en el periódico El Tiempo.
José Obdulio Gaviria Vélez es abogado y periodista. Ha sido uno de los más cercanos asesores del presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez. Es miembro fundador del Instituto Tecnológico Metropolitano (ITM) y del Instituto de Estudios Liberales de Antioquia. Se ha desempeñado como profesor de Derecho Constitucional y de historia de las ideas políticas. Ha sido conductor del programa televisivo "Viva la Historia" y sus artículos de opinión han aparecido en los periódicos El Mundo, El Espectador y El Colombiano. Actualmente es columnista del diario El Tiempo y comentarista radial en Caracol y otras emisoras locales.
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