05 Mayo 2011
Darío Acevedo Carmona
Para entender el significado de la muerte de Osama Bin Laden debemos remitirnos a su condición de líder político-religioso de un movimiento fundamentalista que no tiene asiento en ningún país en especial o gobierno. En cambio está diseminado por el mundo entero en función de una guerra que le ha planteado al mundo occidental y a USA en particular.
La desaparición de Osama es un duro revés para Al Qaeda y movimientos afines, pero en modo alguno significa el fin del terrorismo fundamentalista islámico ya que la guerra para ellos es hasta el fin, supone el sacrificio y el suicidio individual y colectivo. Todavía no se les ha quebrado su voluntad guerrera. Ellos creen que todavía pueden hacer mucho daño a sus enemigos. Intentarán despertar a muchas células dormidas en los países de occidente y de reclutar nuevos mártires para la causa. Y tienen la ventaja de que hay miles dispuestos a dar su vida por el Islám.
En el plano interno, la candidatura de Obama a la reelección tendrá un ascenso muy fuerte, pero no se puede asegurar que sea sostenido, pues dependerá de la respuesta de los talibanes, sus seguidores y aliados. Estados Unidos transmite un mensaje al mundo, en especial a sus enemigos: todo ataque tendrá, tarde que temprano, su respuesta. Además, Obama le da un sello particular a su intervención al aclarar que la lucha de los estadounidenses no es contra el mundo islámico. Aprovecha la ocasión para invitar a la coexistencia pacífica. La otra cara de la moneda es el gobierno de Pakistán, con seguridad será la principal víctima de la reacción de Al Qaeda, le cobrarán muy fuerte su alianza con USA y será tildado de traidor.
El terrorismo fundamentalista islámico es un fenómeno de época. Quiere esto decir que no va a desparecer en el corto o mediano tiempo. Tendrán que suceder muchas cosas en el propio mundo islámico para que se conjure la amenaza. Muy importante que logre triunfar el espíritu democrático en el levantamiento de los árabes, bastión del islamismo, en contra de dictaduras laicas corrompidas que no le han reportado mejoras a sus pueblos en su calidad de vida. Occidente debe avanzar seriamente en la resolución de las aspiraciones palestinas a tener un estado. Eso establecería un ambiente de confianza y de convivencia con el mundo árabe e islámico.
Occidente está obligado a pensar esta guerra en términos de guerra red. La OTAN tiene el reto de tomar parte de la misma en términos más orgánicos y operativos, como sembrar células en tierras extrañas que recojan información y con capacidad de ataque contra blancos extremistas.
Gobiernos laicos y democráticos en los países islámicos, reformas de mejoramiento social, resolución del problema palestino y acción de la OTAN bajo un mismo plan son las condiciones básicas para derrotar la voluntad de guerra de los fundamentalistas.
Mientras tanto, los países occidentales y de otras regiones, como Pakistán y Afganistán, se verán enfrentados a peligros reales, a la incertidumbre que genera un enemigo que se invisibiliza y se desdobla en sus propias narices.
Vendrán días de grandes incertidumbres y de reforzamiento de las medidas de seguridad. Por eso no se puede cantar victoria aún.
Ventana Abierta, el blog de Darío Acevedo Carmona
Darío Acevedo Carmona es historiador y Magister en Historia de la Universidad Nacional de Colombia, Doctor en Historia de la Universidad de Huelva con calificación "Sobresaliente cum laude" (España), Profesor Titular de la Universidad Nacional de Colombia, vinculado desde 1987. Columnista del periódico El Mundo de Medellín y profesor invitado del IHEAL (Instituto de Altos Estudios de América latina) de la Universidad de París III Sorbonne Nouvelle 2005-2006, Cátedra Antonio Nariño e Investigador.
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